Materiales escenográficos
Una introducción necesaria
El costo, apariencia, durabilidad, peso y resistencia de los materiales
utilizados en la construcción de escenografías son los principales factores que
hay que tener en cuenta cuando se empieza un trabajo escenográfico, pero no
necesariamente en el orden en que están enunciados, porque aquí, como en muchas
cosas más, también cabe el dicho: “lo barato sale caro”.
Obviamente, también hay que tener en cuenta la destreza y capacidad de
adaptación de los trabajadores que realizarán el trabajo o la posibilidad de
encontrar la mano de obra, en algunos casos altamente especializada, que se
requiere para el manejo de algunos materiales de uso infrecuente, como pueden
ser las resinas y fibras poliestéricas, por ejemplo.
Aquí también cabe detenerse a pensar en la toxicidad de los materiales,
velocidades de secado y desaparición de sus olores. Las condiciones de
ventilación habrán de ser altamente eficaces en el momento de su utilización en
la manufactura de objetos. Nada peor que llegar al teatro con una escultura gigantesca
muy liviana para manipular y muy económica en su realización, pero que todavía apesta
(no olviden jamás el olfato y muy delicadas gargantas de cantantes y actores) y
que, además, en el momento de llevarla al escenario, las manos de los
tramoyistas se les quedan pegadas a artefacto, aparte de que en el taller dos
personas quedaron con una gripa rarísima.
Una buena costumbre es la de pasear por los diversos depósitos de materiales,
ferreterías, aserríos y demás sitios en los que vendan cosas para la
construcción, que normalmente se encuentran agrupados en diferentes sectores de
la ciudad (en Bogotá al sur todo es más barato y en el centro hay de todo),
verificando existencias, estándares, variedades de herrajes, pegantes y, sobre
todo, descubriendo y conociendo nuevos materiales, que pueden ser adaptados
para su uso en la construcción escenográfica o para reemplazar definitivamente materiales
que ya se habían hecho tradicionales. Todo depende de la necesidad y de
reconocer su resistencia al uso y al abuso, su liviandad y la relación
costo-beneficio que puede resultar en su implementación en el taller
escenográfico. Nada raro tiene que en uno de esos safaris, en algún recoveco
olvidado de Dios, encuentre uno algún tipo de piezas que ya no existen ni se
fabricarán jamás de nuevo, además ¡al precio de antes! Rarísimo pero no
imposible.
Los nuevos almacenes de cadena, supermercados de la construcción,
ofrecen continuamente cursos prácticos gratuitos para actualización y
conocimiento del uso de materiales y herramientas. Hay que aprovecharlos.
Recuerden: los materiales concebidos para una actividad determinada
pueden ser escenográficamente adaptados a otra. No importa los miren como si
estuvieran locos cuando les pregunten que en qué van a usar tanta cinta (y tan
cara) normalmente utilizada para forrar tubería metálica que va a estar
enterrada y ustedes contesten que es para pegar un piso de vinilo en un
escenario. Nada raro tiene que les digan, con cierta conmiseración: dos calles
más al norte están las talabarterías, allá venden pegantes baratísimos. O peor,
imagínenese la cara de sorpresa del dependiente cuando le expliquen que el
rollo de material para forrar sillas que están intentando comprar lo van a
utilizar para hacer 40 vestidos en un ballet…
Otra consideración importante al momento de decidir entre un material u
otro es el tiempo de trabajo que requiere para ser convertido en algún
elemento. Muchas veces el material real que se utiliza necesita mucho tiempo de
preparación, mucho tiempo para su aplicación o moldeo y mucho tiempo para su
secado o solidez final. Y los tiempos en teatro son inamovibles. El telón se
levanta el día exacto, a la hora en punto, en la fecha y hora establecidas
desde mucho tiempo antes del primer día de construcción. Y, normalmente, hay
que tener también en cuenta que los actores y técnicos necesitan los elementos que
fabricamos con varios días de anticipación para ensayos y montaje, fechas que
están en el calendario programado y que penden sobre nuestras cabezas. Para
poder cumplir con los tiempos habrá entonces que utilizar materiales distintos,
más rápidos de trabajar pero que presenten acabados que simulen perfectamente
la apariencia del componente real.
No es vano ampliar una consideración que se ha colado varias veces hasta
el momento: la seguridad. El material utilizado para la fabricación teatral
debe ser extremadamente seguro en todos los sentidos y debe ser manejado con
todos los rigores de cuidado que han consignado en las instrucciones para su
uso los fabricantes. Hay que leerlas y hacerlas leer. La memoria a veces
reemplaza a la confianza y no hay que confiar en ninguna de las dos. Nada se
debe caer o reventar si no está previsto en el libreto y, en tal caso, se habrá
de probar muchas veces la caída o rotura de los elementos antes de llevarse al
escenario, de manera que se tengan perfectamente establecidos y calculados
todos los riesgos debidos a rebotes y fragmentaciones del material con que
están construídos.
Para terminar debo mencionar una cosa más y muy importante para tener en
cuenta cuando se selecciona un material. La incombustibilidad es una
característica primordial que debe ser tenida en cuenta en los materiales que
usamos en el espectáclo en vivo, pero paradójicamente la mayoría de los materiales
que usamos son altamente inflamables. Los fabricantes de materiales para teatro
han desarrollado retardantes de combustión para telas naturales o sintéticas,
papeles, pinturas y maderas; que se deben aplicar a estos materiales antes de
su uso para la escena. Tenemos que importarlos pues no tenemos industria de
materiales para teatro en Colombia, pero ahora es muy fácil hacerlo a través de
la red.
Infortunadamente en nuestro país no tenemos una normatividad que
determine la fabricación y el uso de materiales para la construcción de
escenografías y vestuarios para el espectáculo en vivo, esperemos que no sea
una tragedia la que determine la necesidad de establecerla. De todas maneras,
en nuestro caso, habrá que tener a mano los extinguidores y verificar que estén
cargados con los elementos
químicos adecuados para esa clase de fuegos.
Álvaro Tobón
