jueves, 1 de agosto de 2013


Materiales escenográficos
Una introducción necesaria

El costo, apariencia, durabilidad, peso y resistencia de los materiales utilizados en la construcción de escenografías son los principales factores que hay que tener en cuenta cuando se empieza un trabajo escenográfico, pero no necesariamente en el orden en que están enunciados, porque aquí, como en muchas cosas más, también cabe el dicho: “lo barato sale caro”.

Obviamente, también hay que tener en cuenta la destreza y capacidad de adaptación de los trabajadores que realizarán el trabajo o la posibilidad de encontrar la mano de obra, en algunos casos altamente especializada, que se requiere para el manejo de algunos materiales de uso infrecuente, como pueden ser las resinas y fibras poliestéricas, por ejemplo.

Aquí también cabe detenerse a pensar en la toxicidad de los materiales, velocidades de secado y desaparición de sus olores. Las condiciones de ventilación habrán de ser altamente eficaces en el momento de su utilización en la manufactura de objetos. Nada peor que llegar al teatro con una escultura gigantesca muy liviana para manipular y muy económica en su realización, pero que todavía apesta (no olviden jamás el olfato y muy delicadas gargantas de cantantes y actores) y que, además, en el momento de llevarla al escenario, las manos de los tramoyistas se les quedan pegadas a artefacto, aparte de que en el taller dos personas quedaron con una gripa rarísima.

Una buena costumbre es la de pasear por los diversos depósitos de materiales, ferreterías, aserríos y demás sitios en los que vendan cosas para la construcción, que normalmente se encuentran agrupados en diferentes sectores de la ciudad (en Bogotá al sur todo es más barato y en el centro hay de todo), verificando existencias, estándares, variedades de herrajes, pegantes y, sobre todo, descubriendo y conociendo nuevos materiales, que pueden ser adaptados para su uso en la construcción escenográfica o para reemplazar definitivamente materiales que ya se habían hecho tradicionales. Todo depende de la necesidad y de reconocer su resistencia al uso y al abuso, su liviandad y la relación costo-beneficio que puede resultar en su implementación en el taller escenográfico. Nada raro tiene que en uno de esos safaris, en algún recoveco olvidado de Dios, encuentre uno algún tipo de piezas que ya no existen ni se fabricarán jamás de nuevo, además ¡al precio de antes! Rarísimo pero no imposible.

Los nuevos almacenes de cadena, supermercados de la construcción, ofrecen continuamente cursos prácticos gratuitos para actualización y conocimiento del uso de materiales y herramientas. Hay que aprovecharlos.

Recuerden: los materiales concebidos para una actividad determinada pueden ser escenográficamente adaptados a otra. No importa los miren como si estuvieran locos cuando les pregunten que en qué van a usar tanta cinta (y tan cara) normalmente utilizada para forrar tubería metálica que va a estar enterrada y ustedes contesten que es para pegar un piso de vinilo en un escenario. Nada raro tiene que les digan, con cierta conmiseración: dos calles más al norte están las talabarterías, allá venden pegantes baratísimos. O peor, imagínenese la cara de sorpresa del dependiente cuando le expliquen que el rollo de material para forrar sillas que están intentando comprar lo van a utilizar para hacer 40 vestidos en un ballet…

Otra consideración importante al momento de decidir entre un material u otro es el tiempo de trabajo que requiere para ser convertido en algún elemento. Muchas veces el material real que se utiliza necesita mucho tiempo de preparación, mucho tiempo para su aplicación o moldeo y mucho tiempo para su secado o solidez final. Y los tiempos en teatro son inamovibles. El telón se levanta el día exacto, a la hora en punto, en la fecha y hora establecidas desde mucho tiempo antes del primer día de construcción. Y, normalmente, hay que tener también en cuenta que los actores y técnicos necesitan los elementos que fabricamos con varios días de anticipación para ensayos y montaje, fechas que están en el calendario programado y que penden sobre nuestras cabezas. Para poder cumplir con los tiempos habrá entonces que utilizar materiales distintos, más rápidos de trabajar pero que presenten acabados que simulen perfectamente la apariencia del componente real.

No es vano ampliar una consideración que se ha colado varias veces hasta el momento: la seguridad. El material utilizado para la fabricación teatral debe ser extremadamente seguro en todos los sentidos y debe ser manejado con todos los rigores de cuidado que han consignado en las instrucciones para su uso los fabricantes. Hay que leerlas y hacerlas leer. La memoria a veces reemplaza a la confianza y no hay que confiar en ninguna de las dos. Nada se debe caer o reventar si no está previsto en el libreto y, en tal caso, se habrá de probar muchas veces la caída o rotura de los elementos antes de llevarse al escenario, de manera que se tengan perfectamente establecidos y calculados todos los riesgos debidos a rebotes y fragmentaciones del material con que están construídos.

Para terminar debo mencionar una cosa más y muy importante para tener en cuenta cuando se selecciona un material. La incombustibilidad es una característica primordial que debe ser tenida en cuenta en los materiales que usamos en el espectáclo en vivo, pero paradójicamente la mayoría de los materiales que usamos son altamente inflamables. Los fabricantes de materiales para teatro han desarrollado retardantes de combustión para telas naturales o sintéticas, papeles, pinturas y maderas; que se deben aplicar a estos materiales antes de su uso para la escena. Tenemos que importarlos pues no tenemos industria de materiales para teatro en Colombia, pero ahora es muy fácil hacerlo a través de la red.
Infortunadamente en nuestro país no tenemos una normatividad que determine la fabricación y el uso de materiales para la construcción de escenografías y vestuarios para el espectáculo en vivo, esperemos que no sea una tragedia la que determine la necesidad de establecerla. De todas maneras, en nuestro caso, habrá que tener a mano los extinguidores y verificar que estén cargados con los elementos químicos adecuados para esa clase de fuegos.
                                                                                                                             Álvaro Tobón

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